Retumban los golpes en las sienes,
acarician tus iras en metal,
y sientes, tu que sientes,
cuando la rabia estalla tras quebrar.
Luego, las ganas, de repente,
suben ó bajan, según cual,
según cual momento te arrepientes,
ó no puedes, no puedes más.
Y así, minutos, trás minutos,
pones tu ira a secar,
¿ se seca ? tu te preguntas,
y te contestas, no, que vá.
Y pasan horas y horas,
y vés que esto no vá a cambiar,
quizás maána, quizás pasado,
que nó, chaval, no cambiará.
Y llega el día de la ira,
estallas, y rompes tu libertad,
y luego, solo en la sobra,
te dices, sabía que así iba a acabar.
Y el final de la moraleja,
es que los días de ira llegan,
pasan, vuelven a llegar,
y los vivos, viso siempre están.
Místico Nou
MOS-2204/09
miércoles, 22 de abril de 2009
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